Se supone que cuando iniciamos un nuevo recorrido, un nuevo proyecto de vida, con una nueva meta, es que ya completamos la anterior, que cumplimos al cien por ciento y que estamos listos para el nuevo comienzo.

Sin embargo, la vida nos enseña que todo continúa y avanza sobre la base de lo ya vivido, y en más de una ocasión recurriremos a esos instantes del pasado para fortalecer lo presente, para asegurarnos de seguir manteniendo el objetivo inicial o reafirmar las bases esenciales para no perder el rumbo actual en superficialidades.

El pasado reciente, el año que terminó, seguro que estuvo matizado de momentos agradables, “normales” y otros no tanto. Pero de todos ellos obtuvimos alguna experiencia para mejorar, cuidar, potenciar, evitar o eliminar, en las situaciones nuevas que enfrentaremos.

Seguir dándole vuelta a esos momentos que nos lastimaron, sólo acumularán odio, resentimiento y amargura a nuestra alma. Será como arrastrar peso muerto que nos impedirá avanzar libremente en la nueva etapa de vida que comienza hoy.

Un antiguo sabio decía: “Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: Olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto…” (Filipenses. 3:13-14 BDJ).

Olvidemos lo que podría seguir afectándonos, pidamos perdón, perdonemos y liberémonos. Potenciemos las experiencias saludables y avancemos con confianza en este nuevo desafío.

¡Feliz Año Nuevo!

Tomado de: https://enexpansion.wordpress.com/2018/01/01/emprender-una-nueva-caminata/

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